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Puede que esté profundamente equivocado. Ojalá. Pero no puedo deshacerme de la sensación, y es solo eso una sensación, no tengo datos, de que el lado oscuro está ganando esta guerra. Sí, la ciencia gana algunas batallas, importantes para la humanidad en ciertos casos, pero la anticiencia lo invade todo.

La divulgación científica puede parecernos que goza de buena salud, pero eso es solo si nos movemos en ese círculo. Las terapias milagro, las creencias pseudorreligiosas y religiosas sin elaborar, la magia en general y, sobre todo, la fabulosa disonancia cognitiva que nos hace apreciar la tecnología pero despreciar la ciencia que está tras ella, son las dueñas de Internet en cualquier estadística que se precie. Internet ha roto los muros de contención y ya cualquiera puede creer la última tontería que ha visto en un vídeo sin necesidad de que nadie le recuerde que debe ejercer un mínimo de crítica.

Bueno, la anarquía tiene cosas buenas y malas, podría decirse. Pero el problema es que esa falta de criterio inunda las instituciones, incluidas las universidades. Todo ello en aras de un relativismo que relega al conocimiento científico a una opinión. Y no olvidemos una gran enseñanza de la historia: el progreso es frágil y nada nos libra de involucionar. Los que piensan que todo va a mejor siempre son optimistas patológicos, que desconocen que las mejoras hay que pelearlas.

[T]he principle of sufficient reason, namely, that nothing happens without a reason.

(Leibniz-Clark Correspondence, L 2, AG 321)

Los Porqués

Hace unos días D. García Bello publicaba “Las pretensiones de la ciencia” donde argumentaba, con mayor o menor fortuna (su recurso al método científico, que no existe como sabemos, o a un falsacionismo naíf ya superado, son las principales debilidades), tal y como nosotros lo vemos, que la ciencia tiene límites epistemológicos. Todo el texto se resume en una frase (el énfasis, en esta y demás citas, es nuestro):

Este concurso es algo diferente a otros que hemos hecho. Una diferencia fundamental es que su desarrollo no es lineal, es decir, la resolución de una pregunta no te facilita necesariamente la siguiente. Todas las preguntas son pistas y todas las respuestas también lo són. Pero hay múltiples respuestas posibles, por lo que solo las correctas encajan.

Se considera de dificultad extrema para este tipo de entretenimiento, pero es resoluble. Un gran especialista (y el que suscribe ha compuesto algunos para una sociedad en la que abundaban) puede llegar a emplear entre tres días y una semana en resolverlo completamente. Vosotros tendréis dos meses.

Las respuestas se publican como comentario a esta entrada. Todos los comentarios con respuestas estarán moderados hasta el 1 de septiembre. No hay más pistas que el propio texto, que se encuentra tras la imagen que puede, o no, tener algo que ver con él. Eso sí, cada palabra del texto ha sido elegida cuidadosamente.

Ánimo y a pensar, verás que divertido y gratificante si llegas a un momento ¡ajá!

En una facultad de ciencias tradicional se estudian matemáticas, física, química, biología y geología. Las cinco ciencias están presentes en este concurso, además de lingüística, geografía, historia, historia del arte, filosofía y teología. Es un reto difícil, incluso muy difícil, pero superable: solo hay que seguir el hilo (aunque hay atajos).

Se considera superado si se responden correctamente al menos 13 de las 25 cuestiones. Habida cuenta de la dificultad, los comentarios están especialmente moderados. Las respuestas se publicarán el 1 de julio.

Buena suerte y que disfrutes.

La imagen que sigue es solo decorativa y se incluye a efectos de separación. No está relacionada con el concurso.

El concurso está cerrado. Se están contabilizando las respuestas…

Probablemente lo que sigue sea el pasatiempo más complejo que te encuentres estas navidades. Y, sin embargo, es muy fácil de resolver: sólo es necesario leer con atención, tener acceso a internet y tener una edad como para que te permitan navegar solo. La perseverancia también suele ser útil.

Las normas son simples y por eso mismo no tiene excusa no cumplirlas:

1 Todas las pistas están en el texto. No se dan más.

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Los seres humanos tenemos una imperiosa necesidad de hacer que el mundo adquierasentido. Esta fue una de las claves (ciertamente no la única) y funciones del surgimiento de las religiones. En las culturas no teístas los espíritus son los agentes causales: las enfermedades las causan “espíritus malignos” que entran en el cuerpo, los cambios en el tiempo atmosférico son cosa de los espíritus del viento o de la lluvia. En las religiones teístas son los dioses (únicos, trinos o una pluralidad de ellos) los responsables últimos de todo lo que ocurre. Incluso si no causan directamente los acontecimientos, si la gente enferma, tiene accidentes, muere o se queda embarazada es por la “voluntad de Dios”.

Hoy día muchas personas (ciertamente no la mayoría) han sustituido estas explicaciones divinas por las explicaciones que proporciona la ciencia. Hoy día, para quien lo quiera ver, poseemos una comprensión mucho más racional de cómo funciona el mundo, lo que es probablemente la causa de que la religión no ocupe el papel preeminente que solía en la mayoría de las culturas de los países desarrollados.

Sin embargo, ese ansia de dar sentido al mundo nos juega malas pasadas y tendemos a atribuir a los resultados científicos unas certidumbres que, simplemente, no existen. No es extraño leer o escuchar como, a partir de “un estudio”, se construyen una serie de conexiones que no existen con objeto de encontrar un sentido general. Dicho de otro modo, existe una necesidad cuasi-religiosa de construir una estructura explicativa, que a menudo infla y distorsiona los hechos. Esta necesidad parece ser especialmente perentoria para todo lo que se refiera al ser humano y su comportamiento.

Suelo decir que cuando puedes medir aquello de lo que estás hablando y expresarlo en números, sabes algo acerca de ello; pero cuando no lo puedes expresar en números tu conocimiento es precario e insatisfactorio; podría ser el comienzo del conocimiento, pero en tus pensamientos habrás avanzado escasamente a la fase de ciencia, sea la materia la que sea. William Thomson (Lord Kelvin)

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A comienzos del siglo XX hubo personas que se aprestaron a llevar a la práctica esta idea de Kelvin en ámbitos hasta entonces inexplorados. ¿Cómo se podía afirmar que existía el alma si no se había medido? Las mediciones “cuidadosas” de un médico llamado Duncan MacDougall determinaron que el alma pesaba 21 g. The New York Times se hizo eco de la noticia en su edición del 10 de marzo de 1907, granjeando fama secular al médico y, a pesar de que se demostró que era imposible medir con ese nivel de precisión con el instrumental del que disponía, creando una leyenda urbana sancionada repetidamente por Hollywood. Esta es la fuerza de medir.

Hoy día la existencia de un alma inmortal no es más que una hipótesis innecesaria. La consciencia, el yo, no es más que la consecuencia del funcionamiento de un encéfalo modelado por la evolución y sujeto, por eso mismo, a determinados sesgos cognitivos. Y, sin embargo, la consciencia se resiste a ser pesada, a ser medida y, quizás por ello, a pesar de todo el esfuerzo, las discusiones y el ingenio de los investigadores durante generaciones, la neurociencia aun tiene dificultades para definir qué es la consciencia

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De hecho, la ciencia como concepto no tiene sentido si tenemos que emplear el método hipotético-deductivo para definirla. Lo único que existen son las ciencias, en plural. Con este punto de partida arrancaba mi charla en Naukas 2014. La idea era analizar la concepción habitual y acrítica de ciencia que tienen la mayoría de científicos empleando una actitud científica. Es llamativo como muchos definen su actividad haciendo propios conceptos normativos y no descriptivos de la misma, acientíficos por tanto, entrando incluso en el dogmatismo talibán más absoluto. En fin.

Aquí tienes el vídeo. Espero que le encuentres algún interés. A continuación tienes algunos enlaces por si quieres ampliar conceptos.

Monstruos

Desde la noche de los tiempos tanto el sabio como el ignorante han creído en monstruos. Para muchos los monstruos constituían una parte necesaria de la historia natural, ya fuese porque representaban el castigo por el pecado o la fecundidad y diversidad de la creación, y esta creencia se combinaba a la perfección con otras religiosas y mitológicas en demonios, espíritus, ancestros y bestias legendarias.

Los nacimientos monstruosos, de humanos o animales, provocaban pavor especialmente pero entraban en la misma categoría de lo extraordinario que los convertía en objeto de admiración, y colección. Esta categoría incluía objetos naturales curiosos como cuernos de formas inverosímiles, fósiles, pieles de animales extraños o cristales y minerales llamativos; obras humanas como los cálculos de vejiga también estaban incluidas. La contemplación de estas rarezas eran (son) dio (dan) lugar a toda clase de alegorías y comentarios. El folklore, la historia cultural, la medicina, las narraciones morales y la curiosidad científica se mezclan a la hora de interpretarlas, como se refleja, por ejemplo, en la obra de Alberto Magno.

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Fue Francis Galton, un polímata británico emparentado con Charles Darwin, quien creó el término “eugenesia” en 1883 basándose en la combinación de raíces griegas que componían “bueno al nacer” o, si se prefiere, “noble por herencia”. El término expresaba su idea de mejorar la especie humana biológicamente manipulando su “esencia hereditaria”; esto, según él, se conseguiría deshaciéndose de los “indeseables” y multiplicando los “deseables”.

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