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Probablemente lo que sigue sea el pasatiempo más complejo que te encuentres estas navidades. Y, sin embargo, es muy fácil de resolver: sólo es necesario leer con atención, tener acceso a internet y tener una edad como para que te permitan navegar solo. La perseverancia también suele ser útil.

Las normas son simples y por eso mismo no tiene excusa no cumplirlas:

1 Todas las pistas están en el texto. No se dan más.

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Los seres humanos tenemos una imperiosa necesidad de hacer que el mundo adquierasentido. Esta fue una de las claves (ciertamente no la única) y funciones del surgimiento de las religiones. En las culturas no teístas los espíritus son los agentes causales: las enfermedades las causan “espíritus malignos” que entran en el cuerpo, los cambios en el tiempo atmosférico son cosa de los espíritus del viento o de la lluvia. En las religiones teístas son los dioses (únicos, trinos o una pluralidad de ellos) los responsables últimos de todo lo que ocurre. Incluso si no causan directamente los acontecimientos, si la gente enferma, tiene accidentes, muere o se queda embarazada es por la “voluntad de Dios”.

Hoy día muchas personas (ciertamente no la mayoría) han sustituido estas explicaciones divinas por las explicaciones que proporciona la ciencia. Hoy día, para quien lo quiera ver, poseemos una comprensión mucho más racional de cómo funciona el mundo, lo que es probablemente la causa de que la religión no ocupe el papel preeminente que solía en la mayoría de las culturas de los países desarrollados.

Sin embargo, ese ansia de dar sentido al mundo nos juega malas pasadas y tendemos a atribuir a los resultados científicos unas certidumbres que, simplemente, no existen. No es extraño leer o escuchar como, a partir de “un estudio”, se construyen una serie de conexiones que no existen con objeto de encontrar un sentido general. Dicho de otro modo, existe una necesidad cuasi-religiosa de construir una estructura explicativa, que a menudo infla y distorsiona los hechos. Esta necesidad parece ser especialmente perentoria para todo lo que se refiera al ser humano y su comportamiento.

Suelo decir que cuando puedes medir aquello de lo que estás hablando y expresarlo en números, sabes algo acerca de ello; pero cuando no lo puedes expresar en números tu conocimiento es precario e insatisfactorio; podría ser el comienzo del conocimiento, pero en tus pensamientos habrás avanzado escasamente a la fase de ciencia, sea la materia la que sea. William Thomson (Lord Kelvin)

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A comienzos del siglo XX hubo personas que se aprestaron a llevar a la práctica esta idea de Kelvin en ámbitos hasta entonces inexplorados. ¿Cómo se podía afirmar que existía el alma si no se había medido? Las mediciones “cuidadosas” de un médico llamado Duncan MacDougall determinaron que el alma pesaba 21 g. The New York Times se hizo eco de la noticia en su edición del 10 de marzo de 1907, granjeando fama secular al médico y, a pesar de que se demostró que era imposible medir con ese nivel de precisión con el instrumental del que disponía, creando una leyenda urbana sancionada repetidamente por Hollywood. Esta es la fuerza de medir.

Hoy día la existencia de un alma inmortal no es más que una hipótesis innecesaria. La consciencia, el yo, no es más que la consecuencia del funcionamiento de un encéfalo modelado por la evolución y sujeto, por eso mismo, a determinados sesgos cognitivos. Y, sin embargo, la consciencia se resiste a ser pesada, a ser medida y, quizás por ello, a pesar de todo el esfuerzo, las discusiones y el ingenio de los investigadores durante generaciones, la neurociencia aun tiene dificultades para definir qué es la consciencia

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De hecho, la ciencia como concepto no tiene sentido si tenemos que emplear el método hipotético-deductivo para definirla. Lo único que existen son las ciencias, en plural. Con este punto de partida arrancaba mi charla en Naukas 2014. La idea era analizar la concepción habitual y acrítica de ciencia que tienen la mayoría de científicos empleando una actitud científica. Es llamativo como muchos definen su actividad haciendo propios conceptos normativos y no descriptivos de la misma, acientíficos por tanto, entrando incluso en el dogmatismo talibán más absoluto. En fin.

Aquí tienes el vídeo. Espero que le encuentres algún interés. A continuación tienes algunos enlaces por si quieres ampliar conceptos.

Monstruos

Desde la noche de los tiempos tanto el sabio como el ignorante han creído en monstruos. Para muchos los monstruos constituían una parte necesaria de la historia natural, ya fuese porque representaban el castigo por el pecado o la fecundidad y diversidad de la creación, y esta creencia se combinaba a la perfección con otras religiosas y mitológicas en demonios, espíritus, ancestros y bestias legendarias.

Los nacimientos monstruosos, de humanos o animales, provocaban pavor especialmente pero entraban en la misma categoría de lo extraordinario que los convertía en objeto de admiración, y colección. Esta categoría incluía objetos naturales curiosos como cuernos de formas inverosímiles, fósiles, pieles de animales extraños o cristales y minerales llamativos; obras humanas como los cálculos de vejiga también estaban incluidas. La contemplación de estas rarezas eran (son) dio (dan) lugar a toda clase de alegorías y comentarios. El folklore, la historia cultural, la medicina, las narraciones morales y la curiosidad científica se mezclan a la hora de interpretarlas, como se refleja, por ejemplo, en la obra de Alberto Magno.

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Fue Francis Galton, un polímata británico emparentado con Charles Darwin, quien creó el término “eugenesia” en 1883 basándose en la combinación de raíces griegas que componían “bueno al nacer” o, si se prefiere, “noble por herencia”. El término expresaba su idea de mejorar la especie humana biológicamente manipulando su “esencia hereditaria”; esto, según él, se conseguiría deshaciéndose de los “indeseables” y multiplicando los “deseables”.

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Cuando Cosimo de’ Medici decidió refundar la Academia de Platón en Florencia nombró a Marsilio Ficino para dirigirla. Parte del trabajo que asumió Ficino fue traducir al latín la obra completa de Platón y los neoplatónicos, con el objetivo último de encontrar una síntesis de platonismo y cristianismo. La traducción de Platón vería la luz finalmente en 1484, pero veinte años antes Ficino interrumpió su trabajo para traducir unos textos fascinantes que había encontrado Leonardo da Pistoia. Los escritos, que parecían ser una copia bizantina de los originales griegos, terminaron siendo conocidos como Corpus Hermeticum.

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Entretiens

A lo largo de la historia se han recogido múltiples referencias a fenómenos aéreos que coinciden en su descripción con lo que hoy día serían “objetos volantes no identificados”. Sin embargo, su atribución a seres extraterrestres es algo muy reciente. Hasta el siglo XVI-XVII lo más probable es que se asociase a algún tipo de fenómeno relacionado con la divinidad o divinidades. Sólo a finales del XIX comienza a considerarse la posibilidad de que correspondan a seres extraterrestres y hay que entrar claramente en el XX para oír hablar de objetos volantes.

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SuperpegamentoEl 24 de octubre de 2013 se emitía un nuevo episodio de “Anatomía de Grey”. Hasta aquí todo normal. Sin embargo, en este capítulo la Dra. Yang usa un superpegamento para tratar un tipo de malformación en el corazón que se caracteriza por el crecimiento incontrolado de vasos que hacen que parte de la sangre no le llegue. La Dra. Yang usa el superpegamento para taponar estos vasos; un procedimiento que se viene usando en neurocirugía pero que nunca se había usado en cardiología. Eso se afirma en el episodio, y es cierto. Sólo que la primera intervención de este tipo se hizo en el centro médico de la Universidad de Rochester en 2010.

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De los cromosomas

En 1833 el botánico Robert Brown describió la presencia invariable en los tejidos celulares de las plantas de un cuerpo granular que él llamó núcleo. A lo largo del medio siglo siguiente las mejoras en los microscopios y en las técnicas de tinción permitieron desentrañar el contenido de este cuerpo, que resultó ser una colección de “hebras nucleares”.

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