Advertencia 1: este concurso es extremadamente difícil (pero asequible) y puede emplear más tiempo del razonable en su resolución.

Advertencia 2: La imagen y el nombre pueden ser, o no, pistas adicionales.

Normas generales: Se considera resuelto si se dan correctamente todos los nombres [A-G] y la fórmula [H] solicitada. La solución oficial será proporcionada no antes de un mes después de la publicación. Las respuestas se publicarán como comentarios a esta entrada. Estos comentarios estarán moderados dentro de las limitaciones de la red Naukas, por lo que es posible que momentáneamente alguno aparezca publicado.

Que lo disfrutéis.

Concurso ED

La persona [A] de ascendencia africana de mayor rango en un ejército europeo en la historia compartió apellido y nacionalidad con un científico [B] que se formó en botánica con un Candolle. Este científico revivió una hipótesis formulada por otro científico [C] 15 años antes y que fue apoyada por otro científico [D] de renombre 3 años después de que fuese formulada originalmente. Esa hipótesis, hoy aceptada, en los textos alemanes recibe el nombre de un científico [E] diferente de los anteriores. La crítica de este científico al trabajo de un amigo [F] llevó a éste a la formulación de un importante concepto estadístico. Este concepto adquiere una forma matemática por la que es conocido y dada por otro científico [G]. ¿Cuál es esta forma matemática? Escríbela usando como máximo 8 caracteres, espacios incluidos [H].

mandala

El pasado 11 de junio se celebró en Coruña un evento de divulgación de la neurociencia en el que un servidor tuvo el honor de participar y el privilegio de cerrar, hablando del origen de la consciencia y de eso que hemos dado en llamar yo. Tienes aquí el vídeo de la charla y las preguntas posteriores. El resto de los vídeos de las charlas puedes encontrarlos aquí, y aquí tienes el programa del evento.

Mi agradecimiento a Museos Científicos Coruñeses, a Naukas, a Wicho, a toda la organización y, sobre todo, al público que llenó el teatro Rosalía de Castro.

Marguerite Perey

Marguerite había conseguido un contrato de prácticas de 3 meses en el instituto. Ella siempre había querido ser médico pero, tras la temprana muerte de su padre, la familia no había tenido recursos para ello. Con mucho esfuerzo, y la oposición de su madre, había conseguido obtener un título de técnico de laboratorio químico en la Escuela de Enseñanza Técnica Femenina . Así que aquellos tres meses de técnico de laboratorio serían lo más próximo que ella podría esperar estar de la medicina a corto plazo.

Había llegado por la mañana de su primer día dispuesta a causar la mejor de las impresiones. Casi a la vez que ella se presentó una señora muy amable y vestida con ropas de trabajo y que Marguerite tomó por la secretaria del laboratorio. No tardaría en darse cuenta de que aquella señora tan sencilla y a la que ella había tratado con tanta familiaridad era catedrática en la Sorbona, tenía dos premios Nobel y era la fundadora del Instituto del Radio.

La gran suerte de Marguerite era que había ido a dar con una persona de las verdaderamente grandes, que daban más importancia al talento que a los formalismos. Marie Curie detectó rápidamente la capacidad intelectual y la habilidad para trabajar en el laboratorio de Marguerite y no sólo la convirtió en su asistente de laboratorio personal, sino que se ocupó de formarla a pesar de que Marguerite careciese de estudios universitarios. Estarían juntas cinco años, hasta el fallecimiento de Marie en 1934.

Instituto del Radio (1931). Marguerite es la 2ª por la izquierda
Instituto del Radio (1931). Marguerite es la 2ª por la izquierda

En 1934 fue nombrada radioquímico del Instituto. Marguerite pasó a trabajar a las órdenes de André Debierne (el nuevo director del instituto) y de Irène Joliot-Curie que estaban interesados en el estudio del actinio. Y Marguerite floreció.

Entre 1871 y 1886 Mendeleev predijo la existencia de varios elementos en función de los huecos que quedaban en una tabla de los elementos existentes ordenados por sus propiedades periódicas. En 1917 sólo quedaban por descubrir tres de ellos, los elementos 65, 85 y 87. En 1913 John Cranston, ayudante de laboratorio de Frederick Soddy en Glasgow, se percató de que el mesotorio 2 (uno de los muchos productos de la desintegración del torio) emitía tanto partículas alfa como beta. Según la ley que el propio Soddy había creado, el elemento 87 debía producirse durante la desintegración alfa del mesotorio 2, en concreto eka-cesio-224 (eka-cesio hace referencia al nombre que Mendeleev le había dado al elemento desconocido). Serían las investigaciones de Soddy durante esta época las que desembocaron en el concepto de isótopo.

Basándose en el hallazgo de Cranston, en los años 20 varios grupos de investigación analizaron concienzudamente minerales de torio en busca del elemento 87, sin éxito. Ahora sabemos que ello se debió a que la vida media del isótopo 224 del eka-cesio es de sólo 2 minutos.

El Fr-223 en el cuaderno de Marguerite
El Fr-223 en el cuaderno de Marguerite

En 1939 (en concreto el 7 de enero) Marguerite se dio cuenta de que el actinio, que es isotópico con el mesotorio 2, también presentaba una desintegración por dos rutas. Visto desde la perspectiva actual diríamos que los isótopos 228 (llamado mesotorio 2) y 227 del actinio pueden desisntegrarse de dos maneras, alfa y beta; en la desintegración alfa el isótopo 228 da lugar a eka-cesio-224 (teorizado por Soddy) y el 227 a eka-cesio-223, con el que trabajaría Marguerite.

A diferencia del eka-cesio-224, el eka-cesio-223 tiene una vida media de 20 minutos, suficientes para que una química experta en el laboratorio lo pueda caracterizar. Marguerite descubrió que, tal y como predijo Mendeleev, se comportaba como un metal alcalino, del primer grupo de la tabla periódica. Marguerite acaba de descubrir el último elemento natural que quedaba para completar la tabla de Mendeleev de 92 elementos. En los años 40 Coryell y Segrè obtuvieron artificialmente el prometio (61) y el astato (85).

Marguerite a sus poco más de treinta años tenía un resultado equiparable al de su mentora, Marie Curie. Los miembros del instituto estaban entusiasmados con él y pensaron que lo ideal sería que Marguerite lo presentase como su tesis doctoral, tal y como Marie había hecho con el radio. El problema no sólo era que Marguerite no tuviese un título universitario, es que no tenía ni el bachillerato, requisito imprescindible para entrar en la universidad. En el Instituto decidieron apartarla de todas las tareas de laboratorio y le consiguieron una beca para que pudiese asistir a la Sorbona a estudiar. Asistió al preparatorio de medicina para poder tener acceso a una titulación superior y después a módulos de química, biología y fisiología que la universidad consideró equivalentes a una licenciatura (el caso de Marguerite fue excepcional en todos los sentidos).

Finalmente el 21 de marzo de 1946, Marguerite presentaba su tesis L’élément 87: Actinium K . Su última frase recogía el privilegio del descubridor: “El nombre Francio, Fa, se propone para el lugar 87” (hoy día el símbolo del francio es Fr).

Marguerite no consiguió el reconocimiento del Nobel, pero si abrió unas puertas que ni siquiera Marie Curie pudo abrir: en 1962 se convirtió en la primera mujer elegida miembro de la Academia de Ciencias de París. Como dijo Irène al terminar Marguerite la defensa de su tesis: “Hoy mi madre se habría sentido feliz”.

Esta entrada se publicó originalmente en experientiadocet.com el 16/02/2012 y la recuperamos hoy con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia que convoca Naciones Unidas.

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No hace mucho que empezó su andadura Quora en español. Yo ya era usuario de la verión en inglés y me he encontrado a mi mismo siendo activo en la versión española. Aquí podéis ver las últimas preguntas que he contestado y estaré encantado de recibir las vuestras e intentar contastarlas, si puedo.

Algunas de las respuestas que he redactado creo que podrían tener un interés más general, como las de las preguntas que sirven de título.

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Pregunta:

¿Son las matemáticas una ciencia?

Respuesta:

La respuesta, obviamente, depende de los criterios que se sigan para demarcar qué es ciencia y qué no (esto se suele llamar problema de la demarcación).

Si decimos que lo que define la ciencia es su objeto de estudio, podemos llegar a afirmar que solo es ciencia lo que tenga por objeto aquello que tenga masa-energía, y parece que las matemáticas no lo serían. Pero esta definición de ciencia parece un poco estrecha y en todo caso incluiría a las ciencias físicas (fisica, astronomía, química), las biológicas y las geociencias. Lo contradictorio es que también incluye la filosofía y la teología.

Si decimos que lo que define ciencia es el método [1], nos encontramos con un problema. Muchos entienden que la ciencia tiene un solo método, el hipotético deductivo, cuando no es cierto, la ciencia emplea varios métodos, muchos (incluido el hipotético deductivo) no exclusivos de la ciencia. Por eso este tipo de demarcación es tan difuso que podemos hacer lo que nos dé la gana [2]], con lo que no es útil.

Fíjate ahora. Si decimos que ciencia es toda aquella actividad cuyo fin es la búsqueda sistemática del conocimiento cuya validez no depende de un individuo o época concretos y que está abierta a cualquiera que quiera comprobar sus hallazgos o reproducir sus experimentos esta búsqueda se enmarca dentro de un escepticismo sistémico y organizado que parte de la base de que nuestro conocimiento se fundamenta en modelos y que toda hipótesis es falsa mientras no se demuestre (dentro de lo que el razonamiento confirmatorio puede) lo contrario, entonces no solo las matemáticas, también la lógica es ciencia, y la filología, la historia, la musicología y lo que se te ocurra que cumpla con estos requisitos. Lo que define a la ciencia, por tanto, son las actitudes en la búsqueda del conocimiento.

Notas:

[1] Decir que lo que define es el objeto+método es decir que estamos en una reducción a las ciencias naturales. Pero como lo del método es disperso (existe una cosa que se llama filosofía experimental) estamos en la misma situación que el método solo.

[2] Así por ejemplo, puede demostrarse que las matemáticas cumplen con el método hipotético deductivo con solo darnos cuenta de esta equivalencia:

  • Recopilación de información y formulación de hipótesis > Conjetura
  • Realización de predicciones > Todas las que se deriven de la veracidad de la conjetura y ésta asuma.
  • Comprobación empírica > Demostración o Contraejemplo
  • Teoría > Teorema

Pregunta:

¿Las leyes de las Matemáticas se inventan, o se descubren?

Respuesta:

Permíteme que empiece con una precisión: en matemáticas no existen leyes [1], que son relaciones (con formas matemáticas muchas veces, aunque realmente son condicionales lógicos: si esto, entonces aquello) entre variables que se miden experimentalmente y, por lo tanto pertenecen al campo de las ciencias físicas y naturales. En matemáticas existen axiomas, conjeturas, teoremas y sus demostraciones.

Por otra parte, la pregunta sugiere la veracidad de una hipótesis que es falsa, a saber, que invención (más propiamente, construcción) y descubrimiento son términos antitéticos. Y no lo son. Veamos por qué, que puede resultar muy interesante.

Cuando establecemos esta dicotomía, construcción frente a descubrimiento, estamos asumiendo sin darnos cuenta que es posible tener acceso directo a la realidad del universo. Me explico: asumimos que un científico puede abrir (metafóricamente) una ventana y comprobar la existencia de algo en el universo directamente y confirmar su veracidad. Y es a esto a lo que llamaríamos descubrimiento.

Sin embargo, la ciencia no funciona así en realidad. La ciencia se basa en modelos [2], en muchos casos en modelos interrelacionados, que tienen una correspondencia limitada e indirecta con la realidad. Un científico, por tanto, llama descubrimiento a resolver un problema planteado por el modelo, lo que en ocasiones implica la construcción de otro modelo diferente.

Vemos pues que existe un completo paralelismo con cómo funcionan las matemáticas. Por tanto, respondiendo a tu pregunta, en matemáticas se descubre (se resuelven problemas)…y se construye.

Notas al pie

[1] Leyes, teorías y modelos (I): La definición de ley física | Experientia docet | Cuaderno de Cultura Científica

[2] Leyes, teorías y modelos (II): Prescripción y descripción en ciencia | Experientia docet | Cuaderno de Cultura Científica

No hace mucho que empezó su andadura Quora en español. Yo ya era usuario de la verión en inglés y me he encontrado a mi mismo siendo activo en la versión española. Aquí podéis ver las últimas preguntas que he contestado y estaré encantado de recibir las vuestras e intentar contastarlas, si puedo.

Algunas de las respuestas que he redactado creo que podrían tener un interés más general, como las de las preguntas que sirven de título.

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PREGUNTA:

¿Cómo definir la esencia de una persona frente al cambio?

Si una persona cambia constantemente frente a nuevas experiencias, ¿cómo podemos definir su esencia?

RESPUESTA:

Esta es una pregunta que no tiene una respuesta ni fácil ni evidente. De hecho, existe toda una rama de la filosofía dedicada a ella.

El hecho es que todo cambia en nosotros, nuestra estructura biológica general (bebé, niño, adolescente, adulto joven, adulto maduro, preanciano, anciano, por ejemplo), nuestras conexiones sinápticas (son diferentes desde que comenzaste a leer esto), nuestra composición química. Desde el punto de vista mental ocurre lo mismo: hay recuerdos que perdemos, formamos otros nuevos, modificamos los que tenemos y nuestros sesgos nos juegan malas pasadas. Entonces, ¿qué es ser yo?¿Cuál es mi esencia como dice la pregunta?

Bueno, la respuesta puede que no guste a algunos, pero desde un punto de vista ontológico no hay nada que podemos identificar como ese yo, ni alma, ni consciencia, ni homúnculo de ninguna especie.

Pero, puede decirse, yo me identifico con el niño en esta foto, yo reconozco a mi madre en esta grabación de vídeo de hace 20 años, debe haber algo. En estos casos la memoria social y nuestro entorno, que decoramos con recuerdos y fotografías que nos ayudan a reconstruirnos cada mañana cuando despertamos. Si amaneciésemos aislados en una sala blanca, sin nada, solo nuestros recuerdos nos dirían quienes somos, si perdiésemos la memoria eso que llamamos yo se desvanecería completamente. ¿Entonces?

Tu eres psicológicamente continuo, ahora, con un ser pasado o futuro siempre y cuando algunos de tus estados mentales actuales se relacionen con los de ese ser por una cadena de conexiones psicológicas. Si rompes la cadena se rompe la relación.

La continuidad psicológica es lo más parecido que existe a la esencia del yo. Pero no está libre de problemas y lleva a paradojas. Pero es normal, el yo, como tal, no existe y esto es solo un artificio.

PREGUNTA:

¿En qué consiste “la ilusión del Yo”?

RESPUESTA:

El YO es básicamente la confusión de un “sentimiento” con una “cosa”. Por tanto, la existencia del YO como ente/agente es ilusoria. Pido perdón por la autocita:

Tendemos a “sentir”, a falta de mejor palabra, que hay un agente en nuestro encéfalo, el YO, que, en cualquier momento, es libre de tomar una decisión que anule la que la determinista maquinaria neuronal haya tomado. Nuestra intuición del YO se basa en realidad en dos ilusiones. En primer lugar, sólo somos conscientes de los resultados de los procesos neuronales y no de los procesos mismos. En segundo, asumimos que estos procesos son, esencialmente, lineales.

Así comienza el último apartado, “La ilusión del yo”, de este artículo mío titulado “Consciencia, una hipótesis asombrosa” [PDF].

metodo-cientifico

No hace mucho que empezó su andadura Quora en español. Yo ya era usuario de la verión en inglés y me he encontrado a mi mismo siendo activo en la versión española. Aquí podéis ver las últimas preguntas que he contestado y estaré encantado de recibir las vuestras e intentar contastarlas, si puedo.

Algunas de las respuestas que he redactado creo que podrían tener un interés más general, como la de la pregunta que sirve de título. En Quora la encontráis aquí, y la reproduzco a continuación. Por cierto, el MC-14 al que hago referencia es el método científico en 14 etapas.

PREGUNTA:

¿El método científico es un axioma?

Definiendo al axioma como una proposición que se considera «evidente» y se acepta sin requerir demostración previa.

Para generar ciencia moderna, se sigue al método científico, pero ¿cómo podemos demostrar que este es el único método para generarla? Y si no se puede demostrar ¿entonces es un axioma?

RESPUESTA:

Dice la pregunta que “Para generar ciencia moderna, se sigue al método científico” y eso, no por muy asumido que lo tenga mucha gente, incluidos muchos científicos es,simple, y llanamente, falso. De hecho es de un simplismo escalofriante.

¿Por qué es falso?

Porque (sin ánimo de ser exhaustivo):

a) Cada disciplina científica emplea sus metodologías propias y a veces varias a la vez.

b) Decir que “el” método científico es “este” (p.ej., el MC-14) es prescriptivista (le dice a la ciencia cómo tiene que ser) no descriptivista (describe cómo la ciencia se hace realmente). Describir es científico, prescribir es de legisladores. Pasa lo mismo con la lengua: cada uno la habla como le parece y los diccionarios deberían ser notarios de los usos consolidados; sin embargo las academias de la lengua pretenden arrogarse la autoridad para decir que es “correcto” y qué “no es correcto”. De igual manera que las academias no son nadie para decirle a una lengua cómo evolucionar, nadie puede decirle a la ciencia cómo conseguir sus fines.

c) Porque ningún método que pueda describirse para la ciencia es exclusivo de la actividad científica[1] y, por tanto,no puede usarse para discriminar lo que es ciencia de lo que no es. Por otra parte, el método hipotético-deductivo, en sus distintas versiones (como la MC-14) si se usa como criterio de discriminación, deja fuera a actividades que son claramente científicas, como la arqueología, la paleontología, la taxonomía o la teoría de cuerdas; y, ya puestos, a la actividad actual del LHC donde se están realizando colisiones a ver qué sale, por si se encuentra algún indicio que indique que hay física más allá del modelo estándar de física de partículas.

d) Porque la actividad científica no es abstracta, ni pura, ni aislada. La desarrollan personas, humanos, que trabajan en grupos que tienen sus dinámicas, inmersos en sociedades que tienen su cultura, y al albur de intereses económicos, personales, grupales y sociales. Ninguna descripción de método científico tiene en cuenta la fase más importante de la investigación científica que es la fase de generación de ideas (teóricas y de diseño de experimentos) y se centran en la fase de justificación. Y es en esta fase de generación de ideas donde los condicionantes personales, grupales, sociales y culturales pesan más.

Si vemos todas estas razones vemos que la pregunta se disuelve como un azucarillo. En conclusión, no solo “el” método científico no es un axioma de la ciencia, ni siquiera es central en la ciencia [2].

Entonces, ¿qué es central en la ciencia? ¿Qué es lo que la separa de otras actividades que se preguntan sobre el mundo como la filosofía o la religión? ¿La falsabilidad? No, las actitudes [1].

Una definición de ciencia [2] basada en actitudes y que no hace uso del concepto método podría ser esta:

Ciencia es la búsqueda sistemática del conocimiento cuya validez no depende de un individuo o época concretos y que está abierta a cualquiera que quiera comprobar sus hallazgos o reproducir sus experimentos; esta búsqueda se enmarca dentro de un escepticismo sistémico y organizado que parte de la base de que nuestro conocimiento se fundamenta en modelos y que toda hipótesis es falsa mientras no se demuestre (dentro de lo que el razonamiento confirmatorio puede) lo contrario.

Notas:

[1] Imagina que te doy un móvil de última generación que no has visto antes, ni has usado antes una versión anterior (siempre has usado Android y ahora te doy un iPhone7). Te lo doy pero sin las instrucciones. Todo el proceso que sigues hasta descubrir cómo funciona el teléfono y todos sus dispositivos es describible en términos del MC-14, aunque no lo hagas conscientemente. Y nadie diría ni que estás haciendo ciencia, ni que sigues una aproximación científica. De hecho la mayoría de los adolescentes lo hacen sin pensar…y sin leerse las instrucciones. Lo mismo aplica a una niña de tres años al que le dan un juguete interactivo nuevo.

[2] No hay que confundir los métodos de la ciencia con los procedimientos de la investigación científica actual, que esa es otra guerra que incluye conceptos estadísticos, el sistema peer review, el acceso a la información, la existencia de repositorios, retractaciones, financiación de la investigación, la no publicación de resultados negativos, la no reproducibilidad, etc, etc.

Notas al pie

[1] Respuesta de César Tomé López a ¿Cuáles son los fundamentos epistemológicos y ontológicos de la ciencia moderna?

[2] Onus probandi y la definición de ciencia | Experientia docet | Cuaderno de Cultura Científica

La editorial Next Door Publishers acaba de publicar “Disecciones. 10 relatos sobre la enfermedad”. Es una colección de relatos de diez autores diferentes relacionados con el mundo de la divulgación científica de una manera u otra:

José Ramón Alonso | Fátima Casaseca | Juan Gracia Armendáriz | Marta Macho-Stadler | Xurxo Mariño | Javier Peláez Pérez | Angélica Pérez | Natalia Ruiz Zelmanovitch | Miguel Santander | César Tomé López

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El libro como objeto es una maravilla, como todas las cosas que hace esta editorial, y se me antoja un magnífico regalo por un precio que no llega a los 14 €. Los relatos están todos muy bien (reconozco que unos me gustan más que otros, pero es lo que cabía esperar) y a más de uno le harán pensar. Como aperitivo, aquí puedes descargarte el prólogo que ha escrito José Antonio Pérez Ledo, quizás más conocido como @mimesacojea. Y, por si sientes más curiosidad, aquí lo puedes comprar.

Iteración 51. El juego del verano

Efectivamente, como ves, un servidor también contribuye con un relato, Iteración 51. Pues bien, para los lectores del mismo hay un reto, responder a unas preguntas. Las respuestas se pueden deducir del propio relato, si bien no están en él. Puedes enviarlas a cesar_tome (arroba) yahoo (punto) es si quieres recibir una respuesta personalizada garantizada (solo los correos recibidos hasta el 30 de septiembre de 2016) o dejarlas como comentario a esta entrada, donde puede que no aparezca publicado durante un tiempo prudencial que puede ser largo.

La superación del reto es su recompensa. Eso sí, los nombres (o alias) de los que respondan correctamente aparecerán aquí publicados.

Estas son las preguntas:

  1. ¿A qué grupo de fármacos pertenece el principio activo de las pastillas que toma el protagonista?
  2. ¿De quién toma el nombre el protagonista?¿Por qué?
  3. En el relato aparece un científico llamado Derek Parfit. Si yo ahora afirmo que Derek Parfit estudió historia en la Universidad de Columbia, ¿podría el doctor Parfit ser presidente de los Estados Unidos?¿Por qué?
  4. ¿Es físicamente viable un dispositivo como el que se describe en el relato?¿Por qué?
  5. ¿Qué ocurre después de la última frase?

Que disfrutes del libro y del pasatiempo.

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No son los mismo que no son iguales.

Con todo el revuelo de ayer a cuenta de las ondas gravitacionales proliferan artículos de todo color y condición al respecto en todos los idiomas. También en español. En este caso algunos “puristas” emplean el término onda gravitatoria, pero siendo “correcto” no es un término en principio afortunado. Intentemos ver por qué.

En la revista AstronomíA, la Comisión de Terminología de la Sociedad Española de Astronomía argumenta lo siguiente:

La lengua es caprichosa y sus regularidades, imperfectas. Multitud de sustantivos que designan acciones y efectos terminan en «-ción», como migración, erupción, tradición o revolución. La etimología y el azar han conducido a cuatro caminos para construir los adjetivos relacionados con esas acciones y efectos: la terminación en «-torio» (migratorio), terminación en «-ivo» (eruptivo), terminación en «-al» (tradicional), u otras (carencia de adjetivo, soluciones diferentes, etc., como ejemplo: revolucionario). Aunque pueden buscarse patrones tras estos caminos distintos, también abundan las irregularidades. En la práctica, en cada caso es el uso el que determina la opción adoptada. Entre las palabras de origen verbal predominan las terminaciones en «-ivo» (creación creativo) pero en general, y con mucha diferencia, el castellano tiende a preferir la terminación en «-al» (emocional, fraccional, condicional, fundacional… los ejemplos serían interminables). De ahí que cuando se ignora la forma normativa de un adjetivo relacionado con un sustantivo que termina en «-ción», como por ejemplo gravitación, el espíritu del uso favorezca, quizá, a la forma *gravitacional. Sobre todo si la palabra equivalente inglesa es gravitational. Pero no; tenemos aquí un ejemplo en el que la forma tradicional y correcta, sancionada por el uso y la norma, es gravitatorio-a. Por tanto debe hablarse de efectos gravitatorios, lentes gravitatorias, etc.

Y, por tanto, deberían ser ondas gravitatorias. Pero este argumento hace aguas en el mundo real.

Básicamente porque no tiene en cuenta que existen dos fenómenos físicos que hay que distinguir, a saber, las ondas de gravedad o gravitatorias (en inglés gravity waves) que es un fenómeno que se da en física de fluidos, por ejemplo al estudiar la atmósfera, y las ondas gravitacionales (en inglés gravitational waves) que está relacionado con una de las fuerzas fundamentales de la naturaleza en tanto en cuanto que fundamental, la gravitación según la teoría general de la relatividad.

Y es que, tradicionalmente, en el lenguaje de la física se viene distinguiendo entre los fenómenos en los que la gravedad es un fenómeno local, así “la manzana cae por la gravedad”, “la atracción gravitatoria del Sol”, “la gravedad en Marte es menor que en la Tierra”; y aquellas referencias en las que se tiene en cuenta su aspecto fundamental /universal, por ejemplo, “la ley de gravitación universal de newton”, “gravitación cuántica”.

Incluso el DRAE, y sin que sirva de precedente, que para “gravitatorio” coincide con la comisión, recoge el matiz [con las limitaciones cognitivas propias de la RAE]. Efectivamente en “gravedad” (a.2) dice: Fuerza que sobre todos los cuerpos ejerce la Tierra hacia su centro. [todos sabemos que la que ejerce el Sol se llama absolutismo]. Y en la a.3 añade: gravitación (‖ atracción universal). Si ahora buscamos “gravitación”, encontramos (a.4): Atracción universal de los cuerpos en razón de su masa.

Así pues parece que lo lógico sería usar onda gravitatoria para una cosa y onda gravitacional para otra, para evitar confusiones.

¿Podría usarse el término onda de gravedad para el fenómeno de fluidos y onda gravitatoria para el relativista y obviarse por “incorrecto” el término gravitacional? Pues claro que sí, siempre que no se confunda al receptor del mensaje. Y es que el problema surge por el uso, no por la norma (que parte de la hipótesis, que sólo las academias de la lengua admiten como cierta, de que el lenguaje tiene prescriptores diferentes a los propios hablantes). Actualmente se asocia onda gravitacional al fenómeno relativista y onda gravitatoria al de física de fluidos; intentar cambiarlo por un mal entendido puritanismo lingüístico es ponerle puertas al campo. Pero cada cual es muy libre. Esto es como los formatos de vídeo, el tiempo dirá qué uso permanece.

Con motivo de la celebración hoy del “Día de la mujer en ciencia” (#WomeninSTEM en Twitter y otras redes etiquetables) recupero un texto que escribí sobre una mujer admirable: no solo era inteligente y excelente en lo suyo; también fue una pionera y tremendamente lista, aprovechando los prejuicios de su época para sus objetivos, que no eran otros que los de las mujeres en ciencia en general.

Señoras, señores, con ustedes la sin par Ellen Richards.

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Con motivo del 150 aniversario del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) el diario The Boston Globe confeccionó en 2011 una lista con los 150 contribuciones técnicas más importantes que habían sido desarrolladas en el MIT o por alumnos del MIT. El listado era también una forma de homenajear a esas 150 personas, entre las que estaban por ejemplo Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web, en el número 1, o Ivan Getting, el inventor del GPS, en el 10, o los veintitantos premios Nobel asociados a la institución. Aquí tienes una vista simplificada de los 30 primeros. Sólo hay dos mujeres, en las posiciones 7, Helen Greiner, cofundadora de iRobot, y en la 8 nuestra protagonista, Ellen Swallow Richards, “experta en nutrición, primera mujer admitida en el MIT”. Nunca una descripción, siendo cierta, fue tan injusta con una persona. Esta es su historia.

Abraham Lincoln (1860)
Abraham Lincoln (1860)

Pongámonos en situación: 1861 es el año en que se funda el MIT, también el año de la toma de posesión de Abraham Lincoln y en el que empieza la Guerra Civil americana. Las manadas de búfalos aún campan a sus anchas por las planicies y a Custer le quedan 15 años antes de caer combatiendo a los sioux en Little Big Horn. El Oeste aún está por conquistar; Kansas acaba de incorporarse a la Unión y quedan 16 estados por hacerlo para llegar a los actuales cincuenta. En los llamados “estados del sur” la esclavitud está plenamente vigente. La mentalidad imperante es la puritana y la educación superior está reservada a efectos prácticos a los varones. Las universidades aún se están consolidando. En 1861, Yale otorga el primer doctorado (en literatura inglesa) y el primero en ciencias lo recibirá Josiah Willard Gibbs en 1863, también por Yale. En 1861 Ellen Swallow tiene 19 años.

Ellen Swallow Richards
Ellen Swallow Richards

Ellen Swallow nació en 1842 en Dunstable (Massachusets) hija única de Fanny Taylor y Peter Swallow. Peter y Fanny provenían de familias de recursos modestos pero en las que se valoraba mucho la educación. Ellen fue educada en casa hasta los 16 años, pero viendo la brillantez de su hija, los padres decidieron mudarse a Westford para que Ellen pudiese asistir a la Westford Academy.

1861 también fue el año de la fundación del Vassar College, una institución de educación superior para mujeres a 115 kilómetros al norte de Nueva York. Ellen decidió estudiar allí, costase lo que costase. Al igual que Marie Curie haría años más tarde en Polonia para poder asistir a la Universidad de París, Ellen dio clases particulares y limpió casas para ganar el dinero suficiente con el que, con 25 años, matricularse en Vassar para estudiar ciencias pero, especialmente, química y astronomía.

Una vez obtenido su diploma Ellen intentó encontrar trabajo como química, pero fue rechazada sistemáticamente. Uno de los posibles empleadores viendo la capacidad de la candidata, le sugirió que, ya que no tenía futuro en la industria privada, solicitase ser admitida en ese sitio nuevo, el MIT. Ellen lo hizo y, para su sorpresa, fue admitida sin problemas, siendo de esta forma la primera mujer en conseguirlo. Había además otra buena noticia, no tendría que pagar ni matrícula ni tasas, Ellen pensó que en consideración a sus escasísimos recursos. Más tarde descubriría que el presidente del MIT usó esa estratagema para poder afirmar sin mentir que Ellen no era estudiante del MIT ante el consejo de regentes.

Ellen consiguió su segundo grado en el MIT. El trabajo final sobre el análisis de menas de hierro era de tal calidad que fue suficiente para que Vassar le concediese el titulo de máster. De hecho el trabajo era merecedor de mucho más pero el consejo de gobierno del MIT decidió que no podía ser que el primer doctorado en química de la institución lo recibiese una mujer. Y aquí es cuando hay que recordar que ese consejo era lo más liberal que había en la época. Tanto es así que permitió que Ellen trabajase como asistente de varios profesores.

Ellen conoció de esta manera al jefe del recién creado laboratorio de metalurgia, el profesor de ingeniería de minas Robert Hallowell Richards, con el que se casó. La pareja no tuvo hijos, y se dedicaron ambos a la ciencia, apoyándose mutuamente.

Teniendo por primera vez en su vida asegurada su estabilidad financiera, por sí misma y por matrimonio, Ellen pudo dedicarse a su causa favorita: la educación de las mujeres. En esto demostró ser de un maquiavelismo, en el mejor sentido del término, superlativo.

Ellen Richards, primera por la izquierda, con sus alumnas. MIT, 1888.
Ellen Richards, primera por la izquierda, con sus alumnas. MIT, 1888.

En primer lugar consiguió que el MIT crease un Laboratorio para Mujeres. Ellen enseñaba allí sin contraprestación alguna. El primer curso de biología del MIT lo dio Ellen a mujeres. También impartió análisis químico, química industrial, mineralogía y biología aplicada. Estas mujeres, como ella, estudiaban en el MIT de estranjis. Cuando el MIT empezó a admitir a mujeres oficialmente, el laboratorio fue disuelto y Ellen, por fin, pasó a ser oficialmente instructora en el departamento de química sanitaria. Ellen nunca obtendría una categoría mayor.

Claustro del departamentto de química. MIT, curso 1899-1900
Claustro del departamentto de química. MIT, curso 1899-1900

Ellen descubrió que la mejor forma de conseguir que las mujeres tuviesen acceso a la educación científica era hacer parecer que no estudiaban ciencia. Por ello fue una gran impulsora de los cursos de Economía Doméstica, algo que hoy nos puede parecer machista y trasnochado, pero que a finales del siglo XIX permitía enseñar matemáticas, contabilidad, química, física o biología a mujeres que, de otra forma, no tendrían acceso a esos conocimientos. Ellen escribió libros de texto específicos de títulos reveladores: “Home sanitation”, “Cost of living”, “Air, water and food from a sanitary standpoint”, “Conservation by sanitation”, “Food materials and their adulterations” o “The chemistry of cooking and cleaning”.

Pero Ellen tenía también una actividad industrial. Pasaba por ser la mejor analista de Estados Unidos: identificó las menas cupríferas de Canadá como fuente de níquel, lo que revolucionó la minería de fin de siglo en Norteamérica. Participó en el proyecto más ambicioso de análisis de agua de la época junto al Consejo de Sanidad de Massachusets, lo que desembocó en la creación del primer estándar de calidad del agua, la construcción de la primera planta de tratamiento de aguas y en la publicación de su libro “Industrial water analysis”. También fue consultora de la Compañía de Seguros de Incendio de la Mutua de Fabricantes durante diez años: sus estudios sobre la volatilidad de los aceites y grasas permitió establecer unas medidas de prevención que salvaron centenares de vidas a la par que reducir drásticamente el coste de los seguros, universalizando su uso.

Esto es solo un bosquejo de lo que hizo Ellen Swallow Richards. Fue una innovadora del día a día, de la seguridad alimentaria, de la ecología y de la educación en igualdad. Quizás ahora entendamos por qué está por encima del inventor del GPS en esos 150 del MIT.

Esta entrada participa en el LV Carnaval de Química alojado en el blog La Ciencia de la vida de @biogeocarlos

Este texto se publicó originalmente en el Cuaderno de Cultura Científica con el título Ellen Richards: la economía doméstica como cultura científica.

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Puede que esté profundamente equivocado. Ojalá. Pero no puedo deshacerme de la sensación, y es solo eso una sensación, no tengo datos, de que el lado oscuro está ganando esta guerra. Sí, la ciencia gana algunas batallas, importantes para la humanidad en ciertos casos, pero la anticiencia lo invade todo.

La divulgación científica puede parecernos que goza de buena salud, pero eso es solo si nos movemos en ese círculo. Las terapias milagro, las creencias pseudorreligiosas y religiosas sin elaborar, la magia en general y, sobre todo, la fabulosa disonancia cognitiva que nos hace apreciar la tecnología pero despreciar la ciencia que está tras ella, son las dueñas de Internet en cualquier estadística que se precie. Internet ha roto los muros de contención y ya cualquiera puede creer la última tontería que ha visto en un vídeo sin necesidad de que nadie le recuerde que debe ejercer un mínimo de crítica.

Bueno, la anarquía tiene cosas buenas y malas, podría decirse. Pero el problema es que esa falta de criterio inunda las instituciones, incluidas las universidades. Todo ello en aras de un relativismo que relega al conocimiento científico a una opinión. Y no olvidemos una gran enseñanza de la historia: el progreso es frágil y nada nos libra de involucionar. Los que piensan que todo va a mejor siempre son optimistas patológicos, que desconocen que las mejoras hay que pelearlas.

Este tipo de reflexiones me han llevado a elaborar una pequeña colección de textos, que he venido publicando en el Cuaderno de Cultura Científica. Son 7 divididos en dos grupos. En el primero, Anticiencia, estudio los orígenes de la anticiencia desde el punto de vista de la historia del pensamiento; en el segundo, Science Wars, me centro en cómo esas ideas han impactado la historia reciente.

Espero que los encuentres interesantes.

Anticiencia

1 La unidad perdida

2 Nazismo y comunismo

3

4

Science Wars

1

2

3