La editorial Next Door Publishers acaba de publicar “Disecciones. 10 relatos sobre la enfermedad”. Es una colección de relatos de diez autores diferentes relacionados con el mundo de la divulgación científica de una manera u otra:

José Ramón Alonso | Fátima Casaseca | Juan Gracia Armendáriz | Marta Macho-Stadler | Xurxo Mariño | Javier Peláez Pérez | Angélica Pérez | Natalia Ruiz Zelmanovitch | Miguel Santander | César Tomé López

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El libro como objeto es una maravilla, como todas las cosas que hace esta editorial, y se me antoja un magnífico regalo por un precio que no llega a los 14 €. Los relatos están todos muy bien (reconozco que unos me gustan más que otros, pero es lo que cabía esperar) y a más de uno le harán pensar. Como aperitivo, aquí puedes descargarte el prólogo que ha escrito José Antonio Pérez Ledo, quizás más conocido como @mimesacojea. Y, por si sientes más curiosidad, aquí lo puedes comprar.

Iteración 51. El juego del verano

Efectivamente, como ves, un servidor también contribuye con un relato, Iteración 51. Pues bien, para los lectores del mismo hay un reto, responder a unas preguntas. Las respuestas se pueden deducir del propio relato, si bien no están en él. Puedes enviarlas a cesar_tome (arroba) yahoo (punto) es si quieres recibir una respuesta personalizada garantizada (solo los correos recibidos hasta el 30 de septiembre de 2016) o dejarlas como comentario a esta entrada, donde puede que no aparezca publicado durante un tiempo prudencial que puede ser largo.

La superación del reto es su recompensa. Eso sí, los nombres (o alias) de los que respondan correctamente aparecerán aquí publicados.

Estas son las preguntas:

  1. ¿A qué grupo de fármacos pertenece el principio activo de las pastillas que toma el protagonista?
  2. ¿De quién toma el nombre el protagonista?¿Por qué?
  3. En el relato aparece un científico llamado Derek Parfit. Si yo ahora afirmo que Derek Parfit estudió historia en la Universidad de Columbia, ¿podría el doctor Parfit ser presidente de los Estados Unidos?¿Por qué?
  4. ¿Es físicamente viable un dispositivo como el que se describe en el relato?¿Por qué?
  5. ¿Qué ocurre después de la última frase?

Que disfrutes del libro y del pasatiempo.

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No son los mismo que no son iguales.

Con todo el revuelo de ayer a cuenta de las ondas gravitacionales proliferan artículos de todo color y condición al respecto en todos los idiomas. También en español. En este caso algunos “puristas” emplean el término onda gravitatoria, pero siendo “correcto” no es un término en principio afortunado. Intentemos ver por qué.

En la revista AstronomíA, la Comisión de Terminología de la Sociedad Española de Astronomía argumenta lo siguiente:

La lengua es caprichosa y sus regularidades, imperfectas. Multitud de sustantivos que designan acciones y efectos terminan en «-ción», como migración, erupción, tradición o revolución. La etimología y el azar han conducido a cuatro caminos para construir los adjetivos relacionados con esas acciones y efectos: la terminación en «-torio» (migratorio), terminación en «-ivo» (eruptivo), terminación en «-al» (tradicional), u otras (carencia de adjetivo, soluciones diferentes, etc., como ejemplo: revolucionario). Aunque pueden buscarse patrones tras estos caminos distintos, también abundan las irregularidades. En la práctica, en cada caso es el uso el que determina la opción adoptada. Entre las palabras de origen verbal predominan las terminaciones en «-ivo» (creación creativo) pero en general, y con mucha diferencia, el castellano tiende a preferir la terminación en «-al» (emocional, fraccional, condicional, fundacional… los ejemplos serían interminables). De ahí que cuando se ignora la forma normativa de un adjetivo relacionado con un sustantivo que termina en «-ción», como por ejemplo gravitación, el espíritu del uso favorezca, quizá, a la forma *gravitacional. Sobre todo si la palabra equivalente inglesa es gravitational. Pero no; tenemos aquí un ejemplo en el que la forma tradicional y correcta, sancionada por el uso y la norma, es gravitatorio-a. Por tanto debe hablarse de efectos gravitatorios, lentes gravitatorias, etc.

Y, por tanto, deberían ser ondas gravitatorias. Pero este argumento hace aguas en el mundo real.

Básicamente porque no tiene en cuenta que existen dos fenómenos físicos que hay que distinguir, a saber, las ondas de gravedad o gravitatorias (en inglés gravity waves) que es un fenómeno que se da en física de fluidos, por ejemplo al estudiar la atmósfera, y las ondas gravitacionales (en inglés gravitational waves) que está relacionado con una de las fuerzas fundamentales de la naturaleza en tanto en cuanto que fundamental, la gravitación según la teoría general de la relatividad.

Y es que, tradicionalmente, en el lenguaje de la física se viene distinguiendo entre los fenómenos en los que la gravedad es un fenómeno local, así “la manzana cae por la gravedad”, “la atracción gravitatoria del Sol”, “la gravedad en Marte es menor que en la Tierra”; y aquellas referencias en las que se tiene en cuenta su aspecto fundamental /universal, por ejemplo, “la ley de gravitación universal de newton”, “gravitación cuántica”.

Incluso el DRAE, y sin que sirva de precedente, que para “gravitatorio” coincide con la comisión, recoge el matiz [con las limitaciones cognitivas propias de la RAE]. Efectivamente en “gravedad” (a.2) dice: Fuerza que sobre todos los cuerpos ejerce la Tierra hacia su centro. [todos sabemos que la que ejerce el Sol se llama absolutismo]. Y en la a.3 añade: gravitación (‖ atracción universal). Si ahora buscamos “gravitación”, encontramos (a.4): Atracción universal de los cuerpos en razón de su masa.

Así pues parece que lo lógico sería usar onda gravitatoria para una cosa y onda gravitacional para otra, para evitar confusiones.

¿Podría usarse el término onda de gravedad para el fenómeno de fluidos y onda gravitatoria para el relativista y obviarse por “incorrecto” el término gravitacional? Pues claro que sí, siempre que no se confunda al receptor del mensaje. Y es que el problema surge por el uso, no por la norma (que parte de la hipótesis, que sólo las academias de la lengua admiten como cierta, de que el lenguaje tiene prescriptores diferentes a los propios hablantes). Actualmente se asocia onda gravitacional al fenómeno relativista y onda gravitatoria al de física de fluidos; intentar cambiarlo por un mal entendido puritanismo lingüístico es ponerle puertas al campo. Pero cada cual es muy libre. Esto es como los formatos de vídeo, el tiempo dirá qué uso permanece.

Con motivo de la celebración hoy del “Día de la mujer en ciencia” (#WomeninSTEM en Twitter y otras redes etiquetables) recupero un texto que escribí sobre una mujer admirable: no solo era inteligente y excelente en lo suyo; también fue una pionera y tremendamente lista, aprovechando los prejuicios de su época para sus objetivos, que no eran otros que los de las mujeres en ciencia en general.

Señoras, señores, con ustedes la sin par Ellen Richards.

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Con motivo del 150 aniversario del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) el diario The Boston Globe confeccionó en 2011 una lista con los 150 contribuciones técnicas más importantes que habían sido desarrolladas en el MIT o por alumnos del MIT. El listado era también una forma de homenajear a esas 150 personas, entre las que estaban por ejemplo Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web, en el número 1, o Ivan Getting, el inventor del GPS, en el 10, o los veintitantos premios Nobel asociados a la institución. Aquí tienes una vista simplificada de los 30 primeros. Sólo hay dos mujeres, en las posiciones 7, Helen Greiner, cofundadora de iRobot, y en la 8 nuestra protagonista, Ellen Swallow Richards, “experta en nutrición, primera mujer admitida en el MIT”. Nunca una descripción, siendo cierta, fue tan injusta con una persona. Esta es su historia.

Abraham Lincoln (1860)
Abraham Lincoln (1860)

Pongámonos en situación: 1861 es el año en que se funda el MIT, también el año de la toma de posesión de Abraham Lincoln y en el que empieza la Guerra Civil americana. Las manadas de búfalos aún campan a sus anchas por las planicies y a Custer le quedan 15 años antes de caer combatiendo a los sioux en Little Big Horn. El Oeste aún está por conquistar; Kansas acaba de incorporarse a la Unión y quedan 16 estados por hacerlo para llegar a los actuales cincuenta. En los llamados “estados del sur” la esclavitud está plenamente vigente. La mentalidad imperante es la puritana y la educación superior está reservada a efectos prácticos a los varones. Las universidades aún se están consolidando. En 1861, Yale otorga el primer doctorado (en literatura inglesa) y el primero en ciencias lo recibirá Josiah Willard Gibbs en 1863, también por Yale. En 1861 Ellen Swallow tiene 19 años.

Ellen Swallow Richards
Ellen Swallow Richards

Ellen Swallow nació en 1842 en Dunstable (Massachusets) hija única de Fanny Taylor y Peter Swallow. Peter y Fanny provenían de familias de recursos modestos pero en las que se valoraba mucho la educación. Ellen fue educada en casa hasta los 16 años, pero viendo la brillantez de su hija, los padres decidieron mudarse a Westford para que Ellen pudiese asistir a la Westford Academy.

1861 también fue el año de la fundación del Vassar College, una institución de educación superior para mujeres a 115 kilómetros al norte de Nueva York. Ellen decidió estudiar allí, costase lo que costase. Al igual que Marie Curie haría años más tarde en Polonia para poder asistir a la Universidad de París, Ellen dio clases particulares y limpió casas para ganar el dinero suficiente con el que, con 25 años, matricularse en Vassar para estudiar ciencias pero, especialmente, química y astronomía.

Una vez obtenido su diploma Ellen intentó encontrar trabajo como química, pero fue rechazada sistemáticamente. Uno de los posibles empleadores viendo la capacidad de la candidata, le sugirió que, ya que no tenía futuro en la industria privada, solicitase ser admitida en ese sitio nuevo, el MIT. Ellen lo hizo y, para su sorpresa, fue admitida sin problemas, siendo de esta forma la primera mujer en conseguirlo. Había además otra buena noticia, no tendría que pagar ni matrícula ni tasas, Ellen pensó que en consideración a sus escasísimos recursos. Más tarde descubriría que el presidente del MIT usó esa estratagema para poder afirmar sin mentir que Ellen no era estudiante del MIT ante el consejo de regentes.

Ellen consiguió su segundo grado en el MIT. El trabajo final sobre el análisis de menas de hierro era de tal calidad que fue suficiente para que Vassar le concediese el titulo de máster. De hecho el trabajo era merecedor de mucho más pero el consejo de gobierno del MIT decidió que no podía ser que el primer doctorado en química de la institución lo recibiese una mujer. Y aquí es cuando hay que recordar que ese consejo era lo más liberal que había en la época. Tanto es así que permitió que Ellen trabajase como asistente de varios profesores.

Ellen conoció de esta manera al jefe del recién creado laboratorio de metalurgia, el profesor de ingeniería de minas Robert Hallowell Richards, con el que se casó. La pareja no tuvo hijos, y se dedicaron ambos a la ciencia, apoyándose mutuamente.

Teniendo por primera vez en su vida asegurada su estabilidad financiera, por sí misma y por matrimonio, Ellen pudo dedicarse a su causa favorita: la educación de las mujeres. En esto demostró ser de un maquiavelismo, en el mejor sentido del término, superlativo.

Ellen Richards, primera por la izquierda, con sus alumnas. MIT, 1888.
Ellen Richards, primera por la izquierda, con sus alumnas. MIT, 1888.

En primer lugar consiguió que el MIT crease un Laboratorio para Mujeres. Ellen enseñaba allí sin contraprestación alguna. El primer curso de biología del MIT lo dio Ellen a mujeres. También impartió análisis químico, química industrial, mineralogía y biología aplicada. Estas mujeres, como ella, estudiaban en el MIT de estranjis. Cuando el MIT empezó a admitir a mujeres oficialmente, el laboratorio fue disuelto y Ellen, por fin, pasó a ser oficialmente instructora en el departamento de química sanitaria. Ellen nunca obtendría una categoría mayor.

Claustro del departamentto de química. MIT, curso 1899-1900
Claustro del departamentto de química. MIT, curso 1899-1900

Ellen descubrió que la mejor forma de conseguir que las mujeres tuviesen acceso a la educación científica era hacer parecer que no estudiaban ciencia. Por ello fue una gran impulsora de los cursos de Economía Doméstica, algo que hoy nos puede parecer machista y trasnochado, pero que a finales del siglo XIX permitía enseñar matemáticas, contabilidad, química, física o biología a mujeres que, de otra forma, no tendrían acceso a esos conocimientos. Ellen escribió libros de texto específicos de títulos reveladores: “Home sanitation”, “Cost of living”, “Air, water and food from a sanitary standpoint”, “Conservation by sanitation”, “Food materials and their adulterations” o “The chemistry of cooking and cleaning”.

Pero Ellen tenía también una actividad industrial. Pasaba por ser la mejor analista de Estados Unidos: identificó las menas cupríferas de Canadá como fuente de níquel, lo que revolucionó la minería de fin de siglo en Norteamérica. Participó en el proyecto más ambicioso de análisis de agua de la época junto al Consejo de Sanidad de Massachusets, lo que desembocó en la creación del primer estándar de calidad del agua, la construcción de la primera planta de tratamiento de aguas y en la publicación de su libro “Industrial water analysis”. También fue consultora de la Compañía de Seguros de Incendio de la Mutua de Fabricantes durante diez años: sus estudios sobre la volatilidad de los aceites y grasas permitió establecer unas medidas de prevención que salvaron centenares de vidas a la par que reducir drásticamente el coste de los seguros, universalizando su uso.

Esto es solo un bosquejo de lo que hizo Ellen Swallow Richards. Fue una innovadora del día a día, de la seguridad alimentaria, de la ecología y de la educación en igualdad. Quizás ahora entendamos por qué está por encima del inventor del GPS en esos 150 del MIT.

Esta entrada participa en el LV Carnaval de Química alojado en el blog La Ciencia de la vida de @biogeocarlos

Este texto se publicó originalmente en el Cuaderno de Cultura Científica con el título Ellen Richards: la economía doméstica como cultura científica.

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Puede que esté profundamente equivocado. Ojalá. Pero no puedo deshacerme de la sensación, y es solo eso una sensación, no tengo datos, de que el lado oscuro está ganando esta guerra. Sí, la ciencia gana algunas batallas, importantes para la humanidad en ciertos casos, pero la anticiencia lo invade todo.

La divulgación científica puede parecernos que goza de buena salud, pero eso es solo si nos movemos en ese círculo. Las terapias milagro, las creencias pseudorreligiosas y religiosas sin elaborar, la magia en general y, sobre todo, la fabulosa disonancia cognitiva que nos hace apreciar la tecnología pero despreciar la ciencia que está tras ella, son las dueñas de Internet en cualquier estadística que se precie. Internet ha roto los muros de contención y ya cualquiera puede creer la última tontería que ha visto en un vídeo sin necesidad de que nadie le recuerde que debe ejercer un mínimo de crítica.

Bueno, la anarquía tiene cosas buenas y malas, podría decirse. Pero el problema es que esa falta de criterio inunda las instituciones, incluidas las universidades. Todo ello en aras de un relativismo que relega al conocimiento científico a una opinión. Y no olvidemos una gran enseñanza de la historia: el progreso es frágil y nada nos libra de involucionar. Los que piensan que todo va a mejor siempre son optimistas patológicos, que desconocen que las mejoras hay que pelearlas.

Este tipo de reflexiones me han llevado a elaborar una pequeña colección de textos, que he venido publicando en el Cuaderno de Cultura Científica. Son 7 divididos en dos grupos. En el primero, Anticiencia, estudio los orígenes de la anticiencia desde el punto de vista de la historia del pensamiento; en el segundo, Science Wars, me centro en cómo esas ideas han impactado la historia reciente.

Espero que los encuentres interesantes.

Anticiencia

1 La unidad perdida

2 Nazismo y comunismo

3

4

Science Wars

1

2

3

[T]he principle of sufficient reason, namely, that nothing happens without a reason.

(Leibniz-Clark Correspondence, L 2, AG 321)

Los Porqués

Hace unos días D. García Bello publicaba “Las pretensiones de la ciencia” donde argumentaba, con mayor o menor fortuna (su recurso al método científico, que no existe como sabemos, o a un falsacionismo naíf ya superado, son las principales debilidades), tal y como nosotros lo vemos, que la ciencia tiene límites epistemológicos. Todo el texto se resume en una frase (el énfasis, en esta y demás citas, es nuestro):

Evidentemente hay cosas que la Ciencia ni ha podido ni pretende explicar, y es bueno que sea así, que la Ciencia no cometa la imprudencia de aventurarse a conjeturar sobre cuestiones para las que no está preparada ni diseñada.

Esta frase encierra no solo el argumento principal, a saber, que hay cosas que la ciencia no puede explicar, también incluye algunas de las debilidades de la presentación: “Ciencia” en mayúscula, como si la “Ciencia” fuese claramente un ente determinado (en el sentido filosófico), o diseñado, lo que implica un diseñador o grupo de diseñadores, cuando es algo vago y basado fundamentalmente en actitudes de los que la practican.

Este artículo de García Bello provocó un animado debate en redes sociales que se ha concretado, que sepamos, en dos textos respuesta. Uno de J.I. Pérez Iglesias titulado Una buena colección de historias maravillosas y otro de J.C. García-Bayona, Los límites de la ciencia.

Pérez Iglesias malinterpreta la tesis de García Bello, que suma a la de otro artículo previo de J. Fernández Panadero La ciencia no explica los “por qués”. La malinterpreta porque entiende “porqué” en el sentido físicamente explicativo del término. Así, dice:

Deborah desarrollaba con la elegancia que acostumbra una tesis que comparto: que la ciencia no proporciona verdades. Pero también decía que la ciencia no trata de los porqués de la naturaleza, sino de los cómos.

[…]

Javier sostiene que las explicaciones relativas a los porqués no conciernen a la ciencia y que se demuestran erróneas en demasiadas ocasiones, pero que los hechos son los hechos, y de lo que se trata es de establecerlos y, como mucho, aportar explicaciones relativas a cómo se producen.

Pérez Iglesias presenta su tesis como:

Yo, sin embargo, creo que a la ciencia sí le conciernen los porqués.

Y la argumenta a partir del concepto de modelo como forma de aportar explicaciones causales a los fenómenos observados, para concluir con:

Precisamente por eso, porque no podemos pretender conocer y entender el universo, lo único a lo que podemos aspirar es a contar con modelos que nos proporcionen buenas explicaciones de cómos y de porqués.

Por su parte García-Bayona, coincide en aspectos fundamentales con los autores anteriores, como cuando afirma (de nuevo con ciencia en mayúscula):

Opino (pero no tengo la certeza) que los científicos que creen que la Ciencia puede alcanzar el conocimiento absoluto están equivocados.

Concluye con puntos de contacto con García Bello y Pérez Iglesias, usando la palabra teoría donde éste usa modelo:

Desde mi punto de vista la Ciencia tiene unos límites muy claros, busca comós (leyes) y porqués (teorías) dentro de la realidad medible usando un procedimiento razonado. Y por supuesto las teorías van cambiando (desaparecen o se modifican) porque se adaptan a las nuevas evidencias que se van encontrando.

E introduce finalmente un punto de vista relativista en su conclusión:

E igualmente opino (pero vuelvo a no tener la certeza) que, aquellos que creen que los porqués verdaderamente importantes están en las realidades no medibles, están equivocados. Porque creo que tengo derecho a decidir cuales son y cuales no son los verdaderamente importantes para mí.

Esta es una visión muy resumida de la cuestión. Responder detalladamente a todo lo que nosotros vemos comentable sería demasiado prolijo, por lo que vamos al meollo de la cuestión:

¿Por qué existe este universo?¿Por qué es como es y no de otra manera?

Tal y como nosotros lo entendemos estos son los porqués (con mayúscula) a los que se refiere García Bello y estos son porqués que la ciencia no puede responder. Los modelos (los porqués con minúscula, que son asimilables a cómos), como diría Pérez Iglesias, que se pueden crear para responderlos son metafísicos, no físicos, y, por tanto, no son respondibles empleando metodologías científicas.

Incluso los que argumentan que el universo puede explicarse a partir de una fluctuación cuántica de la nada, primero tendrían que explicar la existencia del espacio en el que tiene lugar la fluctuación y segundo, por qué habrían de aplicar las leyes físicas de este universo a un momento previo al universo. Cualquier explicación científica supone dos cosas, la existencia de algo, aunque ese algo sea la nada (e implica un espacio), y la aplicabilidad de unas leyes físicas; en la explicación del origen absoluto del universo esas condiciones no se dan.

No solo eso, suponiendo que pudiésemos saber que el universo fuese eterno, la pregunta puede reformularse como

¿Por qué existe algo en vez de nada?

Pregunta que tiene sentido porque la nada es la situación más probable de todas las que pueden considerarse (es la más simple, la más simétrica, la que implica menor número de hipótesis, etc., etc.).

Finalmente, como demuestra la existencia de mitos de la creación en todas las culturas de la Tierra, estas preguntas son objetivamente importantes para la inmensa mayoría de los humanos.

En definitiva, una discusión con muchos puntos básicos en común, con algún malentendido interpretativo,…y muy interesante por lo que revela de los autores.

Este concurso es algo diferente a otros que hemos hecho. Una diferencia fundamental es que su desarrollo no es lineal, es decir, la resolución de una pregunta no te facilita necesariamente la siguiente. Todas las preguntas son pistas y todas las respuestas también lo són. Pero hay múltiples respuestas posibles, por lo que solo las correctas encajan.

Se considera de dificultad extrema para este tipo de entretenimiento, pero es resoluble. Un gran especialista (y el que suscribe ha compuesto algunos para una sociedad en la que abundaban) puede llegar a emplear entre tres días y una semana en resolverlo completamente. Vosotros tendréis dos meses.

Las respuestas se publican como comentario a esta entrada. Todos los comentarios con respuestas estarán moderados hasta el 1 de septiembre. No hay más pistas que el propio texto, que se encuentra tras la imagen que puede, o no, tener algo que ver con él. Eso sí, cada palabra del texto ha sido elegida cuidadosamente.

Ánimo y a pensar, verás que divertido y gratificante si llegas a un momento ¡ajá!

Pajarito blanco

Un personaje X [1] recibió cuatro nombres en su bautismo aunque se le conoce universalmente por los dos últimos.

Los dos primeros los comparte con un colega [2] de profesión nacido en una ciudad en la que sus habitantes llaman mapamundi a un plano de ella.

El tercero lo comparte con un físico principal [3]. Nuestro personaje recibió una versión [4] de este nombre en su bautismo que no es exactamente la latina [5].

El cuarto es la versión griega latinizada [6] de un nombre, pero es su versión latina propiamente dicha [7] la que más se identifica con nuestro personaje.

En el momento del nacimiento de nuestro personaje su ciudad (provincia) natal [8] tenía una forma de estado [9] muy particular. En el país con el que limita al sur el actual estado al que pertenece, existe otra ciudad (provincia) [10] que tuvo la misma forma de estado pero con un rango inferior [11]. Ambas ciudades (provincias) perdieron esa forma de estado en el mismo año [12].

Uno de los gobernantes [13] más famosos de esta última ciudad (provincia) comparte nombre con un navío [14] que fue apresado en una de las más famosas batallas [15] de la historia naval.

Nuestro personaje X se alojó, al principio de su estancia en una ciudad, muy cerca de una famosa iglesia [16] ubicada en una esquina de una plaza [17] que hoy recuerda esa batalla.

Durante esa visita nuestro personaje hizo algo propio de su oficio por primera vez. Existe una placa que lo recuerda. Hoy, ese trabajo tiene una referencia alfanumérica [18].

En diciembre del año al que corresponde la parte numérica de esa referencia nació un físico [19] que recibió el premio Nobel de medicina o fisiología.

Un edificio [21] en una institución [22] se identifica por algo [24] relacionado con otro físico [25] de la misma nacionalidad [26] que el anterior. Ese edificio, sin embargo, se construyó para un tercer físico [27].

¿Encuentras alguna relación con un pajarito blanco? [28] ¿Y con un pajarero? [29]

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La solución sigue a continuación:

Un personaje X [1: Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart ] recibió cuatro nombres en su bautismo aunque se le conoce universalmente por los dos últimos.

Los dos primeros los comparte con un colega [2: Juan Crisóstomo de Arriaga] de profesión nacido en una ciudad en la que sus habitantes llaman mapamundi a un plano de ella.

El tercero lo comparte con un físico principal [3: Wolfgang Pauli]. Nuestro personaje recibió una versión [4: Wolfangus] de este nombre en su bautismo que no es exactamente la latina [5: Lupambulus].

El cuarto es la versión griega latinizada [6: Theophilus] de un nombre, pero es su versión latina propiamente dicha [7: Amadeus] la que más se identifica con nuestro personaje.

En el momento del nacimiento de nuestro personaje su ciudad (provincia) natal [8: Salzburgo] tenía una forma de estado [9: Principado-Arzobispado] muy particular. En el país con el que limita al sur el actual estado al que pertenece, existe otra ciudad (provincia) [10: Trento] que tuvo la misma forma de estado pero con un rango inferior [11: Principado-obispado]. Ambas ciudades (provincias) perdieron esa forma de estado en el mismo año [12: 1803].

Uno de los gobernantes [13: Giovanni Nepomuceno de Tschiderer zu Gleifheim] más famosos de esta última ciudad (provincia) comparte nombre con un navío [14: San Juan Nepomuceno] que fue apresado en una de las más famosas batallas [15: Trafalgar] de la historia naval.

Nuestro personaje X se alojó, al principio de su estancia en una ciudad, muy cerca de una famosa iglesia [16: St Martin in the Fields] ubicada en una esquina de una plaza [17: Trafalgar Square] que hoy recuerda esa batalla.

Durante esa visita nuestro personaje hizo algo propio de su oficio por primera vez. Existe una placa que lo recuerda. Hoy, ese trabajo tiene una referencia alfanumérica [18: KV.16].

En diciembre del año al que corresponde la parte numérica de esa referencia nació un físico [19: Maurice Hugh Frederick Wilkins] que recibió el premio Nobel de medicina o fisiología.

Un edificio [21: Mond Building] en una institución [22: Universidad de Cambridge] se identifica por algo [24: el cocodrilo] relacionado con otro físico [25: Ernest Rutherford] de la misma nacionalidad [26: neozelandesa] que el anterior. Ese edificio, sin embargo, se construyó para un tercer físico [27: Piotr Leonídovich Kapitsa].

¿Encuentras alguna relación con un pajarito blanco? [28: “The little white bird” de J.M. Barrie, donde aparece por primera vez Peter Pan, personaje central de la novela en la que aparece el cocodrilo que toma como modelo Kapitsa para referirse a Rutherford] ¿Y con un pajarero? [29: Papageno, el pajarero, es un personaje en “La flauta mágica” de Mozart que, en la imaginería masónica que permea la obra, representa junto a Tamino el ensayo y error.]

Los números “desaparecidos” y la imagen no significan nada.

Gracias a todos por participar. Espero que hayáis disfrutado.

En una facultad de ciencias tradicional se estudian matemáticas, física, química, biología y geología. Las cinco ciencias están presentes en este concurso, además de lingüística, geografía, historia, historia del arte, filosofía y teología. Es un reto difícil, incluso muy difícil, pero superable: solo hay que seguir el hilo (aunque hay atajos).

Se considera superado si se responden correctamente al menos 13 de las 25 cuestiones. Habida cuenta de la dificultad, los comentarios están especialmente moderados. Las respuestas se publicarán el 1 de julio.

Buena suerte y que disfrutes.

La imagen que sigue es solo decorativa y se incluye a efectos de separación. No está relacionada con el concurso.

2013-04-10-labyrinth

Existe un tipo de células [1] que son el primer sistema de defensa activo del sistema nervioso central.

Quien [2] les dio su nombre tras identificarlas con una sustancia química [3] trabajó durante una época en un importante hospital [4] que fue anteriormente una fábrica de pólvora.

El mismo año que el rey encargaba la transformación de fábrica a hospital empezaba la publicación de un conjunto de 18 cartas [5] por parte de un famoso polímata [6] que enfurecieron al rey.

Esas cartas, de contenido teológico, criticaban las artimañas lógicas [7] de una determinada compañía [8].

La inspiración de esas cartas estaba en un movimiento espiritual [9] cuyos detractores conocían con el nombre de quien se consideraba su fundador [10] y cuyo centro espiritual era un convento de monjas en el campo [11] y las escuelas [12] asociadas a él (con el tiempo la sede en la capital se convertiría en una maternidad [13]).

Los seguidores de ese movimiento espiritual decían seguir las enseñanzas de un importante teólogo y santo, cuyo nombre es el título del texto fundacional [14].

Ese santo teólogo tuvo una amante durante 15 años con la que tuvo un hijo. El nombre de ese hijo [15] significa algo en la lengua [16] en que se le dio.

La traducción a la léngua vernácula del polímata del significado de ese nombre es el apellido [17] del portavoz de un grupo de investigadores que utilizaban como seudónimo el nombre de un general [18].

Un cuadro [19] con la representación de la principal derrota de ese general se conserva en determinada ciudad [20].

Un geólogo [21] nacido en esa ciudad y que estudió en el mismo lugar en el que estudió física el mayor físico [22] después de Newton dedicó su vida profesional a explorar a pie un país [23]. En este país hay una universidad dedicada a la enseñanza en una lengua concreta [24], una lengua que solo tienen como nativa 14.000 personas y están en otro país [25].

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Las soluciones son las siguientes:

Las células de microglía [1] son el primer sistema de defensa activo del SNC.

Recibieron su nombre de Pío del Río Hortega [2] tras identificarlas con carbonato de plata [3]. Pío del Río Hortega trabajó durante una época en el Hospital Pitié-Salpêtrière de París [4] , que había sido originalmente una fábrica de pólvora (“salpêtre” o nitrato potásico es un componente de la pólvora).

En 1656, comenzaba la publicación de las Lettres Provinciales (Cartas Provinciales) [5] escritas por Blaise Pascal [6], que enfurecieron a Louis XIV.

En estas cartas criticaba la casuística [7], un método retórico empleado particularmente por los jesuitas [8].

Las cartas estaban inspiradas en el jansenismo [9]. Cornelius Jansen [10] era considerado su fundador. Su centro espiritual era la Abadía de Port-Royal des Champs [11] y Les Petites-Ecoles de Port-Royal [12] (su sede en París, la Abadía de Port-Royal, creada en 1626 se convirtió en la Maternidad Port-Royal en 1795 [13]).

Los seguidores del jansenismo decían seguir las enseñanzas de San Agustín (Agustín de Hipona) [14].

San Agustín llamó a su hijo Adeodato (Adeodatus) [15], que significa “regalo de Dios” en latín [16].

En francés, regalo de Dios puede traducirse Dieudonné, el apellido de [17] Jean Alexandre Eugène Dieudonné, portavoz del grupo Bourbaki (o grupo Nicolas Bourbaki), un grupo de matemáticos que toma su nombre del general Charles-Denis Bourbaki [18].

El Bourbaki-Panorama [19] , de Edouard Castres, se conserva en Lucerna (Suiza) [20].

Toni Hagen [21] estudió en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, donde también estudió Albert Einstein [22]. Dedicó su vida a recorrer a pie Nepal [23], país donde se encuentra la Nepal Sanskrit University, dedicada a la enseñanza del sánscrito [24] , una lengua que hablan unas 14000 personas en la India [25].

El concurso está cerrado. Se están contabilizando las respuestas…

Probablemente lo que sigue sea el pasatiempo más complejo que te encuentres estas navidades. Y, sin embargo, es muy fácil de resolver: sólo es necesario leer con atención, tener acceso a internet y tener una edad como para que te permitan navegar solo. La perseverancia también suele ser útil.

Las normas son simples y por eso mismo no tiene excusa no cumplirlas:

1 Todas las pistas están en el texto. No se dan más.

2 Se considera resuelto si y solo si se responde a la pregunta final (clave j).

3 Cuantas más claves adicionales se respondan correctamente, más puntos para la clasificación final.

4 IMPORTANTE: solo se consideran válidas las respuestas enviadas a CERRADO

5 Todos los comentarios a esta anotación con respuestas serán borrados permanentemente y no participarán en el concurso.

6 El concurso empieza con la publicación y terminará cuando 5 personas respondan correctamente a todas y cada una de las claves o el día 7 de enero de 2015, lo que ocurra antes. Permanecerá abierto como mínimo hasta las 18:00 (CET) del día 22 de diciembre.

7 Cada uno de los ganadores recibirá un dragón saganiano para garaje.

Tras la imagen el texto con los enigmas.

Io saturnalia

Determinado físico (a) se inspiró en determinado libro (b) de determinado autor (c) a la hora de describir partículas que viajaban más rápido que la luz (d). Ese mismo autor (c) creó un término para designar un procedimiento de colonización planetaria (e) mucho más eficiente que la terraformación. En el siglo XXI una famosa película se basa en una de las variantes del procedimiento (e) para colonizar un satélite de un planeta (f) cuya clasificación fue nombrada también por el autor (c) y que orbita un conocido sistema estelar (g). El objetivo de la colonización es algo cuyo nombre está en latín (h), la versión griega clásica de ese mismo nombre sirve para nombrar algo real (i). ¿Qué número (j) se asocia a ese algo como identificativo?

RESPUESTAS:

a) Gerald Feinberg

b) Beep

c) James Blish

d) Taquiones

e) Pantropía

f) Polifemo*

g) Alfa-Centauri A

h) Unobtainium

i) Disprosio**

j) 66

*El satélite es Pandora

**El término griego para Unobtainium es Dysprositos para Unobtainium es Dysprositos

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Los seres humanos tenemos una imperiosa necesidad de hacer que el mundo adquierasentido. Esta fue una de las claves (ciertamente no la única) y funciones del surgimiento de las religiones. En las culturas no teístas los espíritus son los agentes causales: las enfermedades las causan “espíritus malignos” que entran en el cuerpo, los cambios en el tiempo atmosférico son cosa de los espíritus del viento o de la lluvia. En las religiones teístas son los dioses (únicos, trinos o una pluralidad de ellos) los responsables últimos de todo lo que ocurre. Incluso si no causan directamente los acontecimientos, si la gente enferma, tiene accidentes, muere o se queda embarazada es por la “voluntad de Dios”.

Hoy día muchas personas (ciertamente no la mayoría) han sustituido estas explicaciones divinas por las explicaciones que proporciona la ciencia. Hoy día, para quien lo quiera ver, poseemos una comprensión mucho más racional de cómo funciona el mundo, lo que es probablemente la causa de que la religión no ocupe el papel preeminente que solía en la mayoría de las culturas de los países desarrollados.

Sin embargo, ese ansia de dar sentido al mundo nos juega malas pasadas y tendemos a atribuir a los resultados científicos unas certidumbres que, simplemente, no existen. No es extraño leer o escuchar como, a partir de “un estudio”, se construyen una serie de conexiones que no existen con objeto de encontrar un sentido general. Dicho de otro modo, existe una necesidad cuasi-religiosa de construir una estructura explicativa, que a menudo infla y distorsiona los hechos. Esta necesidad parece ser especialmente perentoria para todo lo que se refiera al ser humano y su comportamiento.

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Suelo decir que cuando puedes medir aquello de lo que estás hablando y expresarlo en números, sabes algo acerca de ello; pero cuando no lo puedes expresar en números tu conocimiento es precario e insatisfactorio; podría ser el comienzo del conocimiento, pero en tus pensamientos habrás avanzado escasamente a la fase de ciencia, sea la materia la que sea. William Thomson (Lord Kelvin)

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A comienzos del siglo XX hubo personas que se aprestaron a llevar a la práctica esta idea de Kelvin en ámbitos hasta entonces inexplorados. ¿Cómo se podía afirmar que existía el alma si no se había medido? Las mediciones “cuidadosas” de un médico llamado Duncan MacDougall determinaron que el alma pesaba 21 g. The New York Times se hizo eco de la noticia en su edición del 10 de marzo de 1907, granjeando fama secular al médico y, a pesar de que se demostró que era imposible medir con ese nivel de precisión con el instrumental del que disponía, creando una leyenda urbana sancionada repetidamente por Hollywood. Esta es la fuerza de medir.

Hoy día la existencia de un alma inmortal no es más que una hipótesis innecesaria. La consciencia, el yo, no es más que la consecuencia del funcionamiento de un encéfalo modelado por la evolución y sujeto, por eso mismo, a determinados sesgos cognitivos. Y, sin embargo, la consciencia se resiste a ser pesada, a ser medida y, quizás por ello, a pesar de todo el esfuerzo, las discusiones y el ingenio de los investigadores durante generaciones, la neurociencia aun tiene dificultades para definir qué es la consciencia

Pero como lo óptimo es enemigo de lo bueno, puede que exista una forma de medir si una persona es más consciente que otra. Steven Laureys, del grupo de ciencia del coma de la Universidad de Lieja (Bélgica), viene trabajando con el grupo de Marcello Massimini, de la Universidad de Milán, en el desarrollo de formas de medir cómo el encéfalo responde a la estimulación.

En un experimento con sujetos sanos repartidos en tres grupos (despiertos, dormidos y anestesiados) tenían intención de aplicar un pulso electromagnético al cuero cabelludo y observar y registrar la subsiguiente cascada de actividad encefálica.

Este habría sido un experimento más, con un interés limitado, si no fuese porque al grupo se unió Giulio Tononi, de la Universidad de Wisconsisn en Madison, que lleva toda su vida trabajando en la naturaleza de la consciencia (suya es la idea, ahora un lugar común, de que está asociada a la capacidad del encéfalo de integrar información). Para el estudio de Laureys y Massimini Tononi diseñó una herramienta matemática capaz de cuantificar la extensión y la calidad de la respuesta a la estimulación. Los investigadores decidieron ampliar el estudio para incluir sujetos en distintas fases del sueño, distintos estados de salida de coma y distintos anestésicos.

La medida, en forma de índice (índice de complejidad perturbacional, ICP), se obtenía estimulando el encéfalo con un campo magnético en un pulso breve, usando una técnica no invasiva llamada estimulación magnética transcraneal, y registrando la complejidad de la respuesta con electroencefalografía. Los investigadores comprobaron que los electroencefalogramas variaban con los sujetos dependiendo de su estado de consciencia.

El ICP era alto en los sujetos sanos despiertos, pero aproximadamente la mitad durante la inconsciencia inducida por la anestesia y en algunas fases del sueño profundo (sin sueños). El ICP era muy bajo para las personas diagnosticadas como vegetativas. Los pacientes con daño encefálico diagnosticados como estado mínimamente conscientes o síndrome de enclaustramiento presentaban un índice intermedio entre los dos extremos.

Otras aproximaciones al problema, como el uso de señales acústicas en vez de la estimulación magnética solo han demostrado ser útiles para comparar grupos de sujetos, no individuos. Esta es la principal virtud y utilidad del ICP: determinar el nivel de consciencia absoluto de una persona.

El disponer de una medida como el ICP puede, por ejemplo, ayudar a monitorizar el estado de una persona bajo anestesia general, para asegurarnos de que no se vuelve consciente en medio de la cirugía; o, sabiendo que hay pacientes vegetativos que se recuperan con el tiempo, saber cuándo y a qué ritmo reinician la recuperación; o, incluso, puede ser una ventana dentro de la mente de un enfermo de alzhéimer en esa fase de la enfermedad en la que el paciente parece que no responde a ningún estímulo (¿significa esto que no tiene “vida interior”?).

Pero, aparte de las aplicaciones médicas, el ICP también puede ser una medida de la variabilidad de la consciencia en las personas sanas. Todos conocemos personas que se dan cuenta antes de que un coche viene demasiado rápido, o que parecen que están “más despiertas” porque pueden leer un libro y seguir un programa de televisión al mismo tiempo sin olvidarse de que tienen la comida en el fuego.

La cuestión trascendente es: si el ICP es capaz de medir lo bien que las distintas regiones del encéfalo se comunican entre sí sin la participación consciente de los individuos, ¿estamos ante una medición de la consciencia propiamente dicha?

Referencia:

Casali A.G., M. Rosanova, M. Boly, S. Sarasso, K. R. Casali, S. Casarotto, M.-A. Bruno, S. Laureys, G. Tononi & M. Massimini & (2013). A Theoretically Based Index of Consciousness Independent of Sensory Processing and Behavior, Science Translational Medicine, 5 (198) 198ra105-198ra105. DOI: http://dx.doi.org/10.1126/scitranslmed.3006294