Las catedrales como laboratorios de física experimental

Saint Sulpice | Wikimedia Commons
Saint Sulpice | Wikimedia Commons

La estructura de los edificios dedicados al culto cristiano supuso una oportunidad para los primeros científicos modernos para realizar toda clase de experimentos astronómicos y físicos. Algunos de los cuales afianzaron ideas contrarias a las enseñanzas de los propios dueños de los edificios. Veamos algunos ejemplos, sin ánimo de ser exhaustivos.

Saint Paul | Wikimedia Commons
Saint Paul | Wikimedia Commons

El espacio que existe entre la linterna de la cúpula de una iglesia y el pavimento, protegido del viento, constituyó una de los mejores escenarios imaginables a principios de la Edad Moderna para realizar experimentos de caída libre bajo los efectos de la gravedad. Isaac Newton, por ejemplo, “confirmó” sus, por otra parte erróneas, ideas acerca de la resistencia del aire observando cómo descendían vejigas de cerdo infladas desde lo alto de la cúpula de la nueva catedral de San Pablo en Londres, en 1718.

Basilica vel Cathedralis Sancti Petri | Wikimedia Commons
Basilica vel Cathedralis Sancti Petri | Wikimedia Commons

Y, si no llega a ser porque el cardenal Ignazio Bomcompagni, que amparaba y financiaba los experimentos, murió, la rotación de la Tierra hubiese sido confirmada por Giovanni Guglielmini en la mismísima basílica de San Pedro de Roma [*], arrojando pesos desde la cúpula hasta la cripta de San Pedro (por debajo del altar donde oficia el papa) en 1790. Los experimentos se terminaron realizando en la Torre degli Asinelli de Bolonia.

Probablemente los dos trabajos científicos realizados en iglesias-catedrales más importantes tenían como objeto dos constante fundamentales de la hipótesis heliocéntrica: la excentricidad de la órbita del Sol (o la de la Tierra) y la oblicuidad de la eclíptica, la inclinación del eje de la Tierra con respecto al plano en el que ella, o el Sol, efectúa su recorrido anual.

San Petronio | Wikimedia Commons
San Petronio | Wikimedia Commons

Durante el siglo XVII, la excentricidad de la órbita jugó un papel importante a la hora de discriminar entre la teoría ptolemaica y la versión de Kepler del sistema copernicano. Para realizar las observaciones era necesario construir una gran cámara oscura, ¿y qué mejor que construirla en la basílica de San Petronio en Bolonia? Gian Domenico Cassini hizo un agujero en el tejado e incrustó una vara en el pavimento de Norte a Sur (una línea meridiana, la más larga del mundo con casi 67 metros) para capturar la imagen del Sol del mediodía. Este “heliómetro”, como lo llamó Cassini, arrojó resultados que apoyaban a Kepler de forma inequívoca. Todo esto en 1657, tan sólo 15 años después de la muerte de Galileo y en una ciudad parte de los Estados Pontificios.

Meridianas como la de Cassini se construyeron en Roma (Santa Maria degli Angeli, Barbieri, 1700), París (Saint Sulpice, Observatorio de París, década de 1740), Florencia (Santa Maria del Fiore, Ximenes, 1754). Las observaciones realizadas con estos instrumentos ayudaron a establecer que la inclinación del eje terrestre cambia con el tiempo, ciertamente muy poco, pero un dato más que favorece a Kepler/Copérnico frente a Ptolomeo.

Wikimedia Commons
Wikimedia Commons

Pero sin duda el uso más intensivo que se le ha dado a una catedral para la investigación científica fue el que le dio Leonardo Ximenes.

Mientras montaba el meridiano de Santa María del Fiore, Leonardo Ximenes es consciente de la oportunidad única que se le brinda. Ya que tiene que realizar mediciones y comprobaciones para realizar el trabajo, ¿por qué no hacer otras cosillas de paso aprovechando las características del edificio? Así, mientras determina la altura exacta a la que debe hacer un agujero, aprovecha para medir la elongación de una cadena larga provocada por su propio peso. Ya que tenía que usar un abrevadero lleno de agua para comprobar el nivel del meridiano, determinó, ya que estaba y no había injerencia del viento, la velocidad de evaporación del agua en función de la temperatura. Y cómo había que subir repetidamente a la linterna de la cúpula (90 metros), midió de paso la disminución de la presión del aire con la altura.

Durante unos meses, Ximenes convirtió la enorme catedral de Florencia, que valló para ello, en un observatorio astronómico y en un inmenso laboratorio de física experimental.

Santa Maria del Fiore (como probablemente la conocío Ximenes) | Wikimedia Commons
Santa Maria del Fiore (como probablemente la conocío Ximenes) | Wikimedia Commons

Referencias:

[General] Shank M.H. & Heilbron J.L. (2000). The Sun in the Church: Cathedrals as Solar Observatories, Renaissance Quarterly, 53 (2) 574. DOI:

[*] Bertoloni Meli, D., “St. Peter and the Rotation of the Earth: The Problem of Fall around 1800”, en P. T. Harman & Alan E. Shapiro (eds.), The Investigation of Difficult Things, Cambridge University Press, Cambridge (Inglaterra), 1992, 421-48.


0 Comentarios

1 Trackback

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>